"El milagro Spinoza": consuelo para el alma, no liberación del cuerpo.
No se trata de tener la razón. Se trata de que el cuerpo actúe como si ya no hubiera Amo. Frédéric Lenoir presenta a Spinoza como un sabio que cura el alma con la razón. En El milagro Spinoza, el filósofo holandés deja de ser un pensador radical para convertirse en un terapeuta espiritual: su ética, una vía hacia la paz interior; su Conatus, una receta para la felicidad personal. El sufrimiento no se entiende como efecto de la Plantación Colonial, de la explotación o de la necropolítica, sino como fruto de la ignorancia individual. Basta con “entender las causas” para dejar de sufrir. Este enfoque es seductor, pero peligroso. Lenoir desarma a Spinoza de su radicalidad política. El Conatus no es una potencia colectiva que exige transformar el mundo; es una energía privada que se gestiona en la soledad del estudio. La alegría no es el resultado de la acción compasiva, sino de la coherencia intelectual. Y así, el lector cierra el libro con una sensación de alivio… y ninguna obligació...